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Nada
más pasar el puente de SAN BENITO, si se llega desde Sevilla, avistamos la mole
portada de la ermita de tal nombre. Un angosto callejón, franqueado de huertas,
nos lleva al pórtico del templo, con pozo delantero para la sed del peregrino.
Se compone de una nave cubierta por bóveda de cañón y lunetos, casquete esférico
en el ante presbítero y cúpula en el camarín. En el muro del Evangelio existe una
portada con arco apuntado y en el de la Epístola, una puerta mudéjar de época
tardía. Aquí, el anacoreta Manuel de la Cruz fundó una cofradía de ambos sexos,
con el título de Nuestra Señora de la Consolación y San Benito Abad, según un
breve dado en Roma el 5 de marzo de 1722.
Saliendo de nuevo a la carretera, luego de
un km de recorrido, el pueblo nos recibe con lo que, de entrada, es ya
efectivamente una "recreación": el PASEO DEL COSO. El Alto y el Bajo, según el
nomenclátor. Lo divide, en dirección norte, la carretera de Extremadura. A un lado quedan las instalaciones deportivas municipales, y, ya tocando el
pueblo, el paseo propiamente dicho. La fronda arbórea compite en altura con los
herrajes de las casetas perennes para los días feriados. En el suelo, siempre en
ascensión como el pueblo mismo, se alinean bancos y rosales. Abajo, la fuente
estrepitosa, con lápida mariana y patronal prodigando bienvenidas. Ni memoria
queda de la sinagoga judía existente en este lugar; pero así lo trae un informe
de la visita santiaguista de 1494.
Por la antigua calle de los Olleros, rotulada hoy de la Feria, se llega al PASEO DE LA CRUZ, así llamado por la que aquí se alza, que en realidad no es sino un ensanchamiento de la actual avenida de la Constitución. Y poco más allá, a la vuelta de la esquina, nos hallamos ante la fachada ingente del desamortizado y, por ende, ruinoso CONVENTO DE SANTA CLARA, en la calle de este nombre, con restos de arcadas y cornisas. Fue fundado por el hijo de esta villa enriquecido en las Indias Jerónimo González de Alanís, según escritura otorgada en La Plata (Perú) el 19 de abril de 1584.
Calle
de Santa Clara arriba y torciendo por la primera de la izquierda, encontramos
uno de los monumentos de la arquitectura civil urbana más antiguos de toda la
región. Nos referimos a lo que comúnmente se conoce por LA ALMONA, en razón de
una de sus últimas -bárbaras- utilidades. Arquitectónicamente, es una
construcción de planta ligeramente trapezoidal de sillería. Consta de dos pisos,
formado cada uno de ellos por una nave de cubierta de entramado de madera,
sostenida la del bajo por arcos apuntados que arrancan del pavimento, como a
modo de contrafuertes interiores. La cubierta de la parte superior es de dos
aguas, hallándose sostenida por pilares alineados en el eje central de la nave.
El frente de la construcción avanza en su parte derecha sobre la línea de
fachada para servir de asiento a la rampa que exteriormente da acceso al piso
superior. Las puertas a ambas plantas se superponen en el centro de la fachada,
la baja es de arco apuntado de escasa altura, que apea en impostas constituidas
por un toro y una gola. La puerta de la nave de arriba, precedida de un porche
sostenido por pilares de ladrillos, es también de arco apuntado, más peraltado
que el inferior, sobre moldura de cuarto bocel. El edificio recibe la luz por
estrechas saeteras. Una lápida del interior nos informa que fue construido el
año de 1307. Desafiando a los siglos, pues, aquí sigue, incólume y recoleta, la
primitiva sede del bastimento de la Orden de Santiago.
De
La Almona, dos pasos apenas, llegamos a la PLAZA MAYOR, de par en par abierta
como un abrazo interrumpida. Su recinto, en lo antiguo, estuvo porticado. En el
centro del gran óvalo alzado que la constituye se alza el monumento al orador,
dramaturgo y político decimonónico ADELARDO LÓPEZ DE AYALA, hijo preclaro de la
localidad. A un lado, la CAPILLA DE SAN VICENTE, del siglo XVIII, dedicada a
usos profanos. Y al otro extremo y señera y sobria, la torre de Santa María,
atalaya en la que el vencejo lo mismo vela el cadáver del verano a la hora de la
siesta, que, a la del ángelus, ronda por las arista dejando por el aire su alada
algarabía. Data del siglo XIII. Tuvo carácter militar y pertenece al estilo
románico, si con alguna influencia gótica en los adornos de los arcos conopiales
del último cuerpo de campanas. Está construida sobre un dado de aparejo
irregular a base de ladrillos. Conservó las almenas hasta el siglo XVIII.
IGLESIA DE SANTA MARIA LA MAYOR 0 DE LA ASUNCIÓN.
Una
bellísima portada, de espléndida composición, en la que persisten numerosos
elementos del goticismo decadente, da acceso al templo mayor de Guadalcanal.
Asegurado el dominio cristiano de la villa e iniciado el desbordamiento de su población, las murallas que la circundaban perdieron su originaria finalidad. Esta circunstancia, sin duda, hizo que se levantara el muro norte de esta iglesia sobre parte del sistema fortificado, como se colige por la misma extraña orientación de dicha fachada y por el arco de herradura que describe la puerta de la sacristía, de feliz aprovechamiento. Esto ocurría en las postrimerías del siglo XIII. Fotos
Por su arquitectura, Santa María obedece en gran parte a la corriente mudejárica propia del tiempo de su construcción y al gusto que se prodigó en esta zona de la Sierra Norte sevillana, en la que el gótico de los vencedores y el almohade de los vencidos trataron de imponer sus fórmulas arquitectónicas. El templo tiene forma basilical, de tres naves que primitivamente estuvieron cubiertas de madera, siendo las laterales de cabeceras planas, en cuya parte superior una de ellas conserva un óculo de cinco lóbulos. Construida con arcos transversales, siendo apuntados los del centro, éstos descansan sobre pilares cruciformes, que, salvo el alicatado de la parte inferior, no ha sufrido modificación alguna, pues hasta el sencillo capitel de caveto que poseen abonarían por su antigüedad. Pero aquí en donde a los cristianos interesó sobre manera plasmar su estilo, esto es, en el presbiterio, los alarifes locales lograron imponer su arte, ejecutando la bóveda ochavada, con espléndida crucería en abanico, tramo previo sexpartito, nervio de espinazo decorado con dientes de sierra e impostas de cabezas de clavos. Pertenecen, también, a este período constructivo los capiteles de los baquetones en forma de tronco de pirámide invertida con figuras de gran tosquedad, un decorado de estrellas próximo a la escalera del coro y algunos ventanales, destacando el que se encuentra oculto por el retablo mayor y el que vemos al lado de la Epístola, formado por un óculo central y dos arcadas unidas por un parteluz.
Que la iglesia estuvo originariamente aislada y no adosada a la manzana, como hoy se encuentra, se evidencia por los modillones en forma de caveto y unas pequeñas ventanas con arcos de herradura que advertimos en dependencias del lado de la Epístola y que debieron corresponder a la fachada sur.
Otras partes de la Epístola pueden también situarse en este periodo mudéjar, tales como el altar mayor, la nave de la Epístola, las dependencias anejas al coro y el muro de donde éste sale.
La pila bautismal es mudéjar, con
decoración de arcos de herradura apuntados, del siglo XIV.
En los albores de la décimosexta centuria se ejecutó el frontal del altar mayor, a base de azulejos de cuenca del tipo de bordados y reflejos dorados y azules. De traza gótica son la bóveda y la reja de la capilla del Sagrario. Poco después se realizan la bóveda rebajada y casetonada de la capilla del Cristo Amarrado y la oval del testero de La Milagrosa, ambas renacentistas. De la misma época y estilo son las magníficas rejas que comunican estas capillas con el presbiterio, compuestas por dos cuerpos de balaustres y barrotes entorchados con rica cresteria y cruz, ángeles, grifos y otros elementos decorativos, semejantes a las que separan de ambas naves colaterales y a la que -aunque algo más simplificada- se halla en la capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Vemos en el lado de la Epístola de la capilla mayor una puerta que sale a la sacristía, la cual está rematada por un frontón semicircular, en cuyo friso una inscripción nos informa que "ESTA SACRISTÍA SE HIZO SIENDO MAYORDOMO FRANCISCO XIMENEZ SOTOMAYOR, REGIDOR PERPETUO. LA GLORIA SEA A DIOS". Y en la misma época se ejecutó asimismo el frontal del lado opuesto de este altar, a base de azulejos planos con motivos florales, en cuyo centro se halla una gran cartera con un escudo cardenalicio.
Uno de los más remotos vestigios sepulcrales se encuentra en el muro de la nave del Evangelio, junto a la verja de la capilla de La Milagrosa, consistente en una lápida de caracteres monacales y cenefa gótica, que dice:
AQI JAZ LOURENÇO MORIS CLERICO SERVUS D DIOS NATURAL DE ESENABRIA E FINO EL POSTREMERO DIA DE N OVEMBRO E DE MCCC VI ANNOS REQISCAT I PACE
El único resto romano de que se tenga constancia dentro de la población, se halla, precisamente, a la entrada de este templo. Se trata de un capitel compuesto, de mármol blanco, ahuecado para servir de pila de agua bendita. El templo discreto del trépano lo sitúa cronológicamente entre los siglos II y III. Y, aunque se ignora su procedencia, es curioso el caso de que en el lugar extramuro conocido por la Piedra Corcovada se han encontrado restos de un despoblado romano, consistentes en tegulae, imbrices, ladrillos y fragmentos de vasijas.
ORFEBRERÍA
Ostensorio de plata dorada y cincelada (0,60). Está formado por una base lobulada decorada con relieves de bustos de guerreros que soportan un templete de dos cuerpos, con columnillas de fuste estriado el primero y una estructura arquitectónica con relieves el segundo. Puede ser fechable en el último tercio del siglo XVI.
Ostensorio de plata repujada y dorada (0,50), de estilo imperio, fechable hacia 1800.
Cruz parroquial de plata cincelada y dorada (0,83). Nudo de forma arquitectónica decorado con figuras de los evangelistas y en la cruz relieves de la Asunción de la Virgen, San Pedro, San Pablo, Santa Catalina, San Lorenzo, Santiago y María Magdalena. Es fechable hacia 1600.
Copón de plata dorada (0,31), con decoración de gallones y punteado en la copa de temas vegetales, del primer cuarto de siglo XVII.
Copón de plata dorada (0,26) con gallones y astil torneado. Lleva el punzón de la ciudad de México y data del siglo XVII.
Hostiario de plata (0,24). Tiene forma de caja circular cubierta por tapa cónica de gallones. Se decora con una inscripción en caracteres góticos que dice "Pange Lingua" y una banda calada gótica en la base. Es fechable en el segundo cuarto del siglo XVI.
Cáliz de plata cincelada y dorada (0,24)
con decoración manierista de cintas planas, carteras y querubes, del último
cuarto del siglo XVI.
Cáliz de plata lisa (0,23), fechable en la primera mitad del siglo XVII.
Cáliz de plata repujada y dorada (0,26) con decoración de fines del rococó, de
hacia 1800, con los punzones Luque/ Martínez y la marca de Córdoba.
Portapaz de metal dorado (0,15) con un relieve de la Resurrección. Fechable
hacia 1600.
Dos navetas de plata repujada (0,17 x 0,15) con decoración de estilo imperio de
principios del siglo XIX, con la marca de Sevilla y el punzón de Flores.
Naveta de plata repujada (0,17x 0,13) con decoración de fines del rococó,
fechable en los últimos años del siglo XVIII.
Vaso de óleos de plata grabada (0, 13), con decoración de cintas planas y
carteras, fechable a finales del siglo XVI. Crismeras de plata lisa, de
principios del siglo XVII.
Lámpara de plata repujada de estilo imperio, de principios del siglo XIX.
Incensario de plata repujada (0,15) de estilo imperio, de hacia 1800.
Dos ciriales de plata (1,78) de principios del siglo XIX.
Esta iglesia de Santa María la Mayor o de la Asunción es Filial Perpetua de la Basílica Patriarcal Liberiana de Roma.
Salgamos
de nuevo al deslumbramiento de la Plaza Mayor. Una vía pública separa Santa
María del edificio del Ayuntamiento, el cual se alza sobre lo que fue,
sucesivamente, alcázar musulmán y palacio de la Orden de Santiago. A su espalda,
encontramos el PASEO DEL PALACIO: pulmón, vergel y acuarela viviente con que el
pueblo se solaza y atrae y embelesa a su numerosa colonia veraniega. En la calle
que, en descenso, lo franquea por la izquierda se halla el edificio, moderno y
amplio, de la Biblioteca Pública Municipal. Los árboles gigantes urden un
entramado verde oscuro y una turba de invisibles aves pone la nota melódica a lo
largo del espacioso recinto. Se compone de un paseo central a cielo abierto, con
parterres dispuestos longitudinalmente y fuente decorativa en el centro, y otros
dos laterales -separados por bancos, rosales y adelfas - umbrosos por la fronda.
Al final, la conjunción del cedro hace más íntimo y amable el recorrido. La
Sierra del Agua, como telón de fondo. Nosotros lo hemos visto así:
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Aquí en la gloria, es decir, en el Paseo del Palacio, donde el tiempo y el espacio olvidan su discurrir, sacar quiero a relucir, con permiso de la cal, que no hay belleza rival de este viejo paraíso que porque Dios pudo y quiso lo puso en Guadalcanal. |
Del Palacio, si gustan, podemos dirigirnos a la calleja de la Caridad, que toma tal denominación del hospital que aquí existió. Ya -enseguida- en la calle Luenga, avistamos al final el lugar de la desaparecida PUERTA DE LOS MOLINOS, que estuvo practicada en el sistema murado y por la que arrancaba el camino que se dirigía a Cazalla de la Sierra, pasando cerca de los molinos existentes en el arroyo de este nombre.
Por la calleja de Santa María -escalones abajo-- desembocamos en la PUERTA DEL JURADO, cuyo nombre se conserva en el pueblo no tanto por el acceso fortificado, cuanto por el mesón que, llamado por su enclave del Jurado, hubo en este lugar. Por aquí se salía al CONVENTO FRANCISCANO DE LA PIEDAD, que dio al traste la desamortización de Mendizábal y que hoy es el cementerio de Guadalcanal. Digamos, de rechazo, que aquel cenobio fue mandado erigir por don Enrique Enríquez, comendador mayor de la Provincia de León de la Orden de Santiago y tío materno de Don Fernando el Católico. Y otra curiosidad: éste fue nieto del maestre don Fadrique Enríquez y una judía de Guadalcanal que apodaban "La Paloma".
PUEBLO ARRIBA
Salvo
los Mesones, los Cantillos y poco más, el pueblo es una pura cuesta. Situándonos
en los primeros, cualquier perpendicular es válida para iniciar el ascenso.
Hagámoslo por la calle de López de Ayala. Pronto, llegamos a la CASA RECTORAL,
antiguo palacio de los marqueses de San Antonio, que lo legaron, "para perpetua
memoria", a la parroquia de Santa Maria. En ella se pueden admirar un patio con
columnas y arcadas, de dos plantas, y el artesonado del techo del vestíbulo, que
se cubre con azulejos de cuenca de dos por tabla del siglo XVI. Y enfrente, el
HOSPITAL DE LOS MILAGROS, en que estuvo instituida la llamada Escuela de Cristo,
con portada compuesta por vano de arco carpanel cm arquivoltas decoradas y una
hornacina sobre el alfiz que la en, marca.
En el número 10 de esta calle nació Adelardo López de Ayala, cuyas armas lucen en la parte superior de la fachada. Sus descendientes poseen una de las más importantes colecciones artísticas que particularmente existen en Guadalcanal, que consiste en:
Díptico de esmaltes. En una de las hojas se representa a David y Goliat (firmado I.R., 1545) y en la otra a Sansón derribando el templo (Año de 15 ... ). Miden 0,41 x 0,61.
Ecce Homo. Pintura en tabla, española, del
siglo XVII. Mide 0,18 x 0,13.
Virgen con el Niño. Pintura en tabla del siglo XVI. Mide 0,65 x 0,50.
Escena mitólogica. Pintura en tabla, del siglo XVII. Mide 0,39 x 0,65.
Crucificado. Interesantísima imagen de marfil, de principios del siglo XVII.
Mide 0,38.
Santa Ana, maestra de la Virgen. Esculturas de marfil del siglo XVIII. Miden
0,15.
Santa María Magdalena. Escultura de marfil, muy interesante y fina de ejecución.
Mide 0,14.
Niño Jesús. Escultura de marfil del siglo XVII. Mide 0,46. Dos albarelos
decorados en blanco y azul, de hacia 1700.
Gran jarrón de porcelana de estilo isabelino.
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Cuesta arriba esta calle de López de Ayala, en el pequeño altozano que se produce al confluir esta vía con la de Granillos, dejamos la PUERTA DE LLERENA, de donde partía el camino que llevaba a aquella localidad extremeña. Y todavía más alto, se recorta en el cielo la airosa espadaña del CONVENTO DEL ESPÍRITU SANTO, vigía de vuelos superlativos y reclamo del visitante ávido de historia y de arte. Prosigamos nuestra marcha pina, hasta alcanzar las cales últimas del pueblo.
Este convento de religiosas fue fundado por un hijo de la localidad afincado en América, para cuya erección destinó de su hacienda la cantidad de 80.000 pesos de plata. Tomó esta advocación el nuevo cenobio, precisamente, por levantarse junto al hospital que, con este nombre, fundara el presbítero don Benito Garzón en 1511. La capilla que aneja a este convento se labró, aunque ha sufrido algunas reformas, aún conserva huellas del tiempo de su edificación, especialmente en el altar mayor, en cuyo banco se halla el retrato del patrono y la leyenda ESTE CONVENTO FUNDO Y DOTO ALONSO GONZÁLEZ DE LA PAVA, A HONRA Y GLORIA DE DIOS Y DE SU BENDITA MADRE... DE NOVIEMBRE, SIENDO MAYORDOMO JUAN GONZÁLEZ DE LA PAVA. AÑO DE 1635. El edificio está construido en mampuesto y ladrillo revocado. Posee planta de cruz latina, cubriéndose la nave y el presbiterio de bóveda de cañón con lunetos y fajones y media naranja en el crucero. La portada situada a los pies es de vano adintelado entre pilastras y entablamento con frontón recto. El retablo se decora con pinturas de Pentecostés, la imposición de la casulla a San Ildefonso, Santa Catalina, la Coronación de Nuestra Señora, la Natividad del Señor y la Natividad de la Virgen. Del tiempo fundacional prevalece, también, un patio de ordenación toscana en el interior de lo que fue convento de las comendadoras del Espíritu Santo, hoy (desde l903) de las Hermanas Misioneras de la Doctrina Cristiana.
Y,
ya puestos a ascender, salgamos hacia el extrarradio por el camino que antaño -v
hogaño- llevaba a la capital de este distrito
santiaguista, esto es, Llerena. Porque, a pocos pasos, encontramos lo que otrora
fue escenario de devotos festejos y entrañables tradiciones. Se trata del
HUMILLADERO DEL CRISTO DE LA SALUD, así llamado por el que existe aledaño a la
ermita. Los viajeros que -Berrocal Grande adelante- por este camino transitaban,
solían detenerse en este santuario para implorar suerte en el viaje o dar
gracias los que regresaban. Se ha perdido la velada que anualmente se celebraba
en la parte delantera de la ermita. Algo parecido se
hace hoy en la Plaza Mayor en recuerdo de aquella otra Velada del Cristo, con
que todavía se conoce en Guadalcanal. Así la ermita como el humilladero anejo
son construcciones del siglo XVIII, si bien algún edificio debió existir con
anterioridad en este lugar -más antiguamente conocido por la Cruz del Abad
Santo-, en donde ya en el siglo XV se había erigido un establecimiento piadoso.
Poco más allá, se halla el templete del humilladero, con una fuente y un azulejo
en la pared frontal, fechado en 1770, representando un calvario, orlado de
florones y grecas, con algunos versos. En la parte superior del Crucifijo se
lee: HVMILLAVIT SEMETIPSVM VSQVE AD MORTEM ADP¨L. Debajo, una cartera nos
informa que el Cardenal Solís, arzobispo de Sevilla, concede cien días de
indulgencias a quien rezare un credo delante de este Cristo.
A ambos lados del calvario hay estas décimas:
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DESDE ESSE SACRO MADERO DVLCE IMAN QVE A LOS SENTIDOS Y a los pies, esta quintilla, JVNTO A VNA FVENTE HVMILLADO QVE SALTA A LA ETERNA VIDA. |
PUEBLO ABAJO
Versos devotos para coronar la subida. Y anónimos. Corno anónima es esa arquitectura popular felizmente conservada y lo es la tanta artesanía callejera.
Pero
busquemos el resuello del descenso. Para ello, desde el convento, de nuevo,
vayamos por el callejón de las Monjas -huérfano de cal- al Berrocal Chico. La
pendiente se agudiza. Bajándola, llegamos a la calle -arbolada y florecida- de
Santa Ana. Por ella, desembocamos en la pequeña plaza de este nombre. Y, desde
aquí, una escalinata nos conduce a la anchurosa explanada donde se levanta la
interesantísima IGLESIA DE SANTA ANA, Monumento Nacional recientemente
declarado. Entremos.
Si bien desde antiguo la iglesia de Santa María ostento los títulos de Mayor y más Antigua de las tres parroquias que aquí hubo, no se puede categóricamente afirmar que sea anterior a la de Santa Ana; en primer lugar, porque ésta se edificó sobre la mezquita aquí existente, y, sobre todo, porque, según la teoría de fray Andrés de Guadalupe, que los primeros libros sacramentales de esta parroquia confirman, a ella se traían a bautizar a los niños de todos los pueblos cercanos, lo que demuestra que fue la primera iglesia que, tras la reconquista, hubo en esta región. De un modo u otro, tal vez lo seguro es que ambas se levantaran simultáneamente.
Este templo, también mudejárico, es de una nave y arcos transversales. No está uniformemente cubierto, pues mientras los tres últimos tramos son de madera de posterior ejecución, el que le sigue -que también se cubre del mismo material- presenta un típico paño horizontal que demuestra pertenecer a la primitiva cubierta de la fábrica; se continúa el cuerpo del edificio con una bóveda de cañón semicircular, y termina con una media naranja apoyada sobre arcos torales semicirculares.
Construida sobre un promontorio, lugar
preferente para los que con anterioridad habían tenido aquí la mezquita, su
minarete fue aprovechado para torre de, la iglesia, con las consiguientes
reformas y despojos de arabescos, la que coronaron con un capitel de pesadas
proporciones, siendo testimonio de su tardía ejecución los arcos de medio punto
del cuerpo de campanas. Del mismo tiempo inicial constructivo son, igualmente,
la nave central, con sus soberbios pilares y arcos apuntados de gran tosquedad y
solidez; el batisterio y la pila; así como el porche de ingreso, el cual está
formado por tres arcos de medio punto o alguno quizá ligeramente apuntado, sobre
pilares octogonales, e inscritos en sus correspondientes alfices.
Hacia la primera mitad del siglo XVI tienen lugar en Santa Ana ciertas obras, manifestándose principalmente en el frontal, banco y gradas del altar mayor, que se revisten de azulejos de cuenca sevillanos, al igual que los que vemos -en tejaroz- en la portada lateral del Evangelio.
La capilla de la Virgen del Carmen, en el
lado de la Epístola, data de comienzos del XVII. En su retablo contemplamos unas
pinturas que representan la Huida a Egipto, la imposición de la casulla a San
lldefonso y San Miguel Arcángel, y en el arco de entrada a dicha capilla, sendas
pinturas barrocas de San Pedro y San Pablo. Son también de esta época los
retablos de la nave del Evangelio, en que se hallan, respectivamente, San
Ignacio de Loyola, el Niño Jesús de Praga y el Padre Eterno. Aquí vemos las
lápidas sepulcrales de don Cayetano de Tena e Hidalgo y de su esposa doña Josefa
de Vargas y Federigui, la de don Ignacio Sánchez Martínez y la de estilo gótico,
magnífica, que dice:
ESTA SEPOL / TURA ES DE / ANTON
MARTIN / DE PALENCIA Y DE / SU MUGER FRAN / CISCA MARTIN.
Desde la explanada delantera de Santa Ana, contemplamos la danza dilatada y caprichosa de calles que bajan, o de repente suben, o a veces se retuercen. Desde aquí, los tejados pajariles coronados de veletas caudales, las palmeras salpicadas probando esbelteces por los tapiales blanqueados, la mole verdosa -como una mancha oceánica- allá donde El Palacio, el clamor de las torres y espadañas por los cielos... Y la sierra -siempre la sierra- enviando el agua ideal con este río de creación extingue cualquier sed.
Continuemos el itinerario. Podemos hacerlo
por la rampa lateral que, bordeando dicha explanada, conduce a la calle de la
Mina, hundida y larga, como una galería abierta. Humilde es -ahora- la collación
de Santa Ana, pero pulcra y blanca, con la gracia andaluza del geráneo, la
gitanilla o la dama de noche fluyendo por patios y brocales. De pronto, una
calle escalonada con un peldaño para cada portal. Pero vayamos, en dirección
contraria, hacia la calle del Costalero que llaman, para -cruzándola- proseguir
la bajada por la de Ortega Valencia.
EL "OTRO" GUADALCANAL.
Es creencia generalizada entre el vecindario -si bien no existe constancia documental al respecto- que fue en esta calle donde nació el conquistador PEDRO ORTEGA VALENCIA, el cual, reinando Felipe II, descubrió, pacificó y anexionó a la Corona de Castilla, entre otras, la isla a la que, por ser de allí natural, llamó Guadalcanal, del archipiélago Salomón, en el océano Pacífico.
Con sus 6.500 kilómetros cuadrados, la isla de Guadalcanal es una de las de mayor extensión del grupo de que forma parte. Su relieve es muy accidentado, con una elevación máxima de 2.700 metros. El núcleo de población más importante se halla en Honiora, capital del archipiélago. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1942, la ocuparon los japoneses, que construyeron el aeródromo de Hersderson, al norte de la isla. El 7 de agosto del mismo año, al comenzar las operaciones norteamericanas en Guadalcanal, se apoderaron del aeródromo, siguiendo una larga lucha de desgaste que terminó el 9 de febrero de 1943, con resultado favorable para éstos, produciendo 6.066 bajas en las filas japonesas.
A juzgar por ciertas informaciones que él mismo instruyó, ya en el ocaso de su vida, solicitando mercedes para su hijo Jerónimo, debió nacer Ortega Valencia alrededor de 1520. En definitiva, todas las noticias que poseemos del que andando el tiempo llegara a ser alguacil mayor de la Ciudad de Panamá y maese de campo y mariscal de la armada de Alvaro de Mendaña, van, pues, referidas a su estancia en el Nuevo Mundo y a los viajes y descubrimientos que desde aquel continente realizada.
Recientemente la isla de Guadalcanal ha sido visitada por el hijo de esta villa don Francisco Perelló.
Conviene constatar que el acontecimiento más notable en el Guadalcanal de los últimos tiempos es, sin duda, el homenaje conjunto que las Marinas Española y Norteamericana y su pueblo natal rindieron, en 6 de septiembre de 1964, a este intrépido conquistador que, en un arresto de amorosa nostalgia, llevó el nombre del lugar que le viera nacer al otro lado del planeta. Tan presente lo tenía...
Volviendo
a nuestros pasos, cuesta abajo todavía, llegamos a la calle de Ramón y Cajal,
más antiguamente nombrada de la Encomienda, en cuyo número 19 nació el poeta
ANDRÉS MIRÓN. Por la derecha, vayamos a buscar la calle de Santiago, una de
cuyas fachadas ostenta conchas santiaguistas, y en la que se alza, esquina a
Juan Campos, la IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN, hoy profanada y en vías de
restauración.
Característica singular de este templo y que lo distingue dentro de los de su estilo es la gran elevación de sus pilastras, coronadas por capiteles de gran sencillez, lo que presta al edificio una suntuosidad extraordinaria. Posee cubierta de carpintería a tres paños, arcos transversales apuntados y tramo inicial notablemente desviado del eje principal del edificio.
Seguramente
fue en San Sebastián donde mayor número de obras se llevaron a cabo en el siglo
XVI. Se inicia este período con la erección de la capilla mayor, que es de
bóveda de crucería de última hora, atestiguando, juntamente con la ventana que
la ilumina, que corresponde a las proximidades de 1500. Las entradas a las
capillas laterales,-que poseen la gravedad espiritual isabelina; la bóveda
estrellada del presbiterio, con sus terceletes, circulo central y cartera con
símbolos heráldicos en las uniones de la crucería; la imposta general del
presbiterio y las ménsulas en que apean los nervios, son testimonios de esta
etapa de labor.
De San Sebastián, por la vía así llamada, desembocamos en el cantillo de La Concepción, confluencia callejera, teniendo frontalmente la portada de dicha capilla.
Como
los demás conventos de religiosas que en Guadalcanal fueron, también este de LA
CONCEPCIÓN fue fundado por un hijo de la villa establecido en Indias, en este
caso don Alvaro de Castilla, según su testamento otorgado en Guanajuato (México)
el 17 de septiembre de 1641. Y porque -ocho años después- las primeras monjas
que en él ingresaron procedían del Convento de la Concepción de Mérida, fue por
lo que tomó tal advocación el nuevo cenobio.
Algunos indicios quedan del mismo (patios, arcadas, cornisas, etc.) en casas inmediatas a la iglesia. Esta posee una notable elevación. Consta de una nave, cubierta por bóveda de cañón y lunetos y media naranja en el presbiterio. En el altar mayor labraron un retablo de yesería de influencia plateresca, y cubrieron su frontal y gradas con azulejos sevillanos de cuenca, probablemente de acarreo, pues son de época muy anterior a la de la erección del templo. La portada de los pies posee vano de medio punto entre pilastra toscana, entablamento, frontón recto con pináculo y hornacina central. La del lado del Evangelio presenta un esquema análogo, con pilastras jónicas acanaladas y ondas serlianas en el entablamento. Actualmente se encuentra clausurado y en proceso de restauración.
Y
aquí, dentro del casco urbano, concluye el recorrido monumental. Empero, para
conocer el lugar en que estuve enclavada la antigua PUERTA DE SEVILLA,
dirijámonos a la calle de Antonio Machado (antes rotulada del Diezmo), en cuyo
confín se abría. De aquí partía el camino que, par Tres Picos, llevaba a aquella
ciudad, dejando a un lado la ermita de San Benito. En su arco se hallaba
consignado el sistema de medidas por el que habían de regirse estos vecinos en
la compra-venta de las fincas rústicas. A la derecha queda el barrio conocido en
lo antiguo por La Morería, con la Costanilla, el
desaparecido Pozo Berrueco y otros tipismos que la misma cal se encarga de
resaltar y que lo tortuoso de las calles en misterian.
Pero el pueblo -¿hay que decirlo?- permanece abierto a toda hora y a todo ámbito. Con otras palabras: el que aquí llega sigue encontrándose en su casa.
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Guadalcanal ha tenido a lo largo de su historia multitud de actividades
artesanales, sin embargo, debido a la no continuidad del aprendizaje de estos
oficios artesanales por generaciones más jóvenes, a la fabricación industrial, y
a la escasa rentabilidad en la actualidad la artesanía de Guadalcanal está
representada por: Forja, Dulces, Bordados.
La Forja se sigue manteniendo en nuestra localidad gracias a Antonio Rafael
Rincón Blanco que ha continuado una tradición familiar desde hace 25 años en su
fabrica situada en la Avenida de la Constitución.
Los Dulces en su mayoría son fabricados por las mujeres de la localidad para
fiestas como semana santa, navidad,...
De igual forma, los Bordados son realizados por mujeres de la población que se
dedican a bordar mantones, mantoncillos, escudos de cofradías, ...
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En cuanto a la gastronomía, para comer en Guadalcanal el cordero y el cerdo son
los productos estelares, siendo las especialidades más tradicionales la
caldereta, la rabada de cordero y el cochinito frito. También se degustan platos
realizados con carne de caza menor (liebre con arroz, judías con perdiz, etc...)
En cuanto a los vegetales, destacan las especialidades de cardillo, espárragos,
collejas y sopas de berros.
Otra gran riqueza gastronómica es la repostería, siendo nuestras principales
especialidades el gañote, la hojaldre, los bollitos de aceite, las tortas de
chicharrones, los rosquitos de aguardiente y el rococó.
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